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Lo que la Agencia Tributaria nos paga en intereses de demora


Recientemente el diario CINCO DÍAS publicó una noticia de interés para conocer otro aspecto más de hasta qué punto "Hacienda somos todos". Y es que -según dice ese periódico- entre los años 2015 y 2018 el fisco ha pagado la friolera de 1.100 millones de euros a contribuyentes en concepto de intereses de demora, que supone una media aproximada de 270 millones de euros al año, si bien su distribución durante esos cuatro años no fue la misma porque en 2015 fueron 345 millones, en 2016 fueron 274 millones, en 2017, 237 millones, y en 2018, 236 millones.

Por tanto, lo primero que salta a la vista es que la factura de intereses de demora -sin conocer todavía el importe de 2019- se ha ido reduciendo de modo consecutivo durante esos cuatro años. Y en ese sentido, como dice el Director de la AEAT, "en la medida en que la calidad de los actos administrativos y su motivación permita incrementar los porcentajes de estimación de recursos y reclamaciones a favor de la Agencia, el importe de los intereses de demora a satisfacer se reducira".

No obstante, como dice la noticia, salta a la vista que la Agencia Tributaria asume un coste económico elevado en el pago de intereses de demora. Pero hay que reconocer también que la exigencia de pagar esos intereses no se debe únicamente a la obligación de resarcir a contribuyentes que litigan contra la AEAT y obtienen resoluciones favorables, porque los retrasos en las devoluciones del IRPF, por ejemplo, también originan el devengo de intereses de demora a favor del contribuyente, una vez transcurren 6 meses desde la fecha límite para declarar y pagar el impuesto sin que la Administración haga la devolución.

Con lo cual, quizá es necesario recordar que el esfuerzo por la calidad de los actos administrativos y su motivación a la que alude el Director de la AEAT se debe -y se puede- procurar antes de tener que interponer recursos y reclamaciones, lo que supondría efectivamente reducir los intereses de demora a satisfacer por menor litigación tributaria, pero también y sobretodo un mayor esfuerzo de la Administración Tributaria por cumplir con sus obligaciones, mejorando así la eficiencia y calidad del servicio que presta.

Si no, al final tendrá razón John Maynard Keynes al decir que "si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo".